La energía femenina y la energía masculina en el proceso de sanación


La energía femenina y la energía masculina son  dos aspectos del trabajo interior que se complementan y sostienen mutuamente para restaurar el equilibrio perdido a nivel físico, emocional o mental.

Estos desequilibrios suelen estar causados por patrones de pensamiento inconscientes originados en experiencias traumáticas que no se han podido integrar en la consciencia y que tienen una dinámica independiente y un impulso propio.  Esto es lo que Leonard Orr describe cuando dice que la pulsión inconsciente de muerte es una entidad psíquica que tiene su propia pulsión de vida. 
Cuando queremos reconducir estas energías inconscientes, que llevan quizá décadas funcionando de manera automática, necesitamos desplegar una dinámica específica que podemos llamar “trabajo consciente”. Esta dinámica tiene dos polos: la “consciencia” o comprensión y el “trabajo” o esfuerzo sostenido.

 La comprensión es una visión nueva sobre el problema que nos permite abrirnos al cambio. Es lo que llamamos habitualmente toma de conciencia, el darse cuenta del problema y de los elementos que lo sostienen. El polo de la consciencia se corresponde en este proceso con la energía femenina, que nos aporta la apertura, la suavidad y la dulzura necesaria para enfrentarnos a un tema que normalmente evitamos y que nos permite entender lo que realmente está pasando.

El segundo polo de esta dinámica es el esfuerzo sostenido necesario para generar un patrón energético nuevo. Para transformar un patrón inconsciente es necesario crear un patrón consciente, o un “patrón de sanación”. Un patrón de sanación es una dinámica consciente nueva en nuestra vida. Puede ser un hábito de conducta nuevo, controlar conscientemente un patrón de adicción, cambiar nuestra alimentación, comenzar a hacer ejercicio, practicar meditación, repetir un mantra y otras muchas cosas que pueden introducir una energía nueva en un lugar de nuestra consciencia que hasta ahora estuvo fuera de nuestro control. Esta forma de energía es necesaria para crear cambios sostenibles en nuestra vida. Este patrón debe ser generado con un propósito consciente y deliberado  y debe ser sostenido durante un periodo de tiempo determinado para que empiece a funcionar.  Este segundo polo del trabajo consciente se corresponde con la energía masculina, la cual aporta un sentido de rectitud y disciplina al servicio de la visión que la energía femenina nos ha brindado.

Cuando estas dos energías están en equilibrio en nuestro proceso podemos generar cambios muy profundos y permanentes en nuestra vida a nivel interno y externo y es cuestión de tiempo conseguir los resultados que deseamos. La persona puede tener claridad sobre su propio proceso, reconoce lo que aflora a su consciencia y comprende la forma de tratarlo. Avanza de forma relativamente fácil aunque tenga que enfrentarse con problemas internos verdaderamente difíciles. El proceso se desarrolla de forma fluida y natural y la persona tiene plena consciencia de los cambios que está generando para sí misma y cómo lo está consiguiendo.

Cuando nuestra energía femenina es débil ello suele reflejarse en inflexibilidad, exigencia y autocrítica. Resulta más difícil ver dónde está el problema y qué puede ayudarnos y nos cuesta sostenernos solos en nuestro propio proceso. Esto puede generar dependencia, sentimientos de impotencia y en último término abandono del trabajo que se ha comenzado.

Cuando la energía masculina es débil resulta más difícil sostener el esfuerzo, llevar a cabo lo que comprendemos que debemos hacer. Esto genera dispersión, distracción y falta de propósito. Nos hacemos dependientes de experiencias intensas o novedosas y nos cuesta tener claridad sobre nuestro proceso y asumir plena responsabilidad sobre él. En último término esto puede hacer que la persona abandone el proceso por falta de interés.

Es importante comprender que ambas energías están disponibles en nuestro interior y que es nuestra responsabilidad personal recurrir a ellas para sostenernos en nuestro proceso. La energía femenina representa nuestro lado intuitivo, la aceptación y el amor incondicional, el cuidado y la atención, la suavidad, la paciencia, el sentido del humor, la flexibilidad y adaptabilidad, la apertura y la inspiración. La energía masculina representa el tesón, el coraje,  la rectitud, la disciplina, la claridad, el propósito y el compromiso.

El trabajo con Renacimiento es una combinación de práctica espiritual y terapia. Cuando trabajas con la respiración para liberar y transformar memorias traumáticas te das cuenta de que ese trabajo te permite tener una conexión más clara y fuerte con tu dimensión espiritual. Es como si nuestra divinidad natural misma nos invitara a sanarnos  para poder estás más cerca de ella. Después de trabajar muchas veces de esta forma te das cuenta de que la práctica espiritual y la terapia son simplemente dos caras de la misma moneda. No es posible mantener una conexión espiritual estable y que tenga efectos duraderos en nuestra vida diaria sin un trabajo consciente de limpieza de nuestras zonas oscuras, así como tampoco es viable intentar una limpieza eficaz de nuestras memorias traumáticas sin recurrir a nuestra dimensión espiritual.

 El aspecto terapéutico del proceso se corresponde con nuestra energía femenina, que hace un trabajo de apoyo, acompañamiento y atención desde el amor incondicional. El proceso visto como una práctica espiritual, nos revela el aspecto masculino,  el cual aporta el propósito, la determinación, el compromiso y en general las cualidades de la energía del guerrero. Ambos enfoques son necesarios y se equilibran mutuamente. La sanación vista solo desde el enfoque terapéutico es una herramienta muy limitada que puede permitirnos un alivio temporal pero no puede llegar a la profundidad necesaria para lograr cambios importantes y duraderos en nuestra  vida. La sanación vista sólo desde la perspectiva de la práctica espiritual elimina la dimensión humana del proceso y habitualmente se desconecta de la vida. Sin embargo, ambas energías trabajando conjuntamente generan un movimiento interior  capaz de superar cualquier obstáculo.

Un trabajo de sanación es un asunto importante y es necesario tratarlo con toda la atención que seamos capaces de darle. Cuando lo abordamos con todas nuestras herramientas a punto podemos conseguir milagros. Pero si no lo tomamos lo bastante en serio es sumamente fácil desanimarse y abandonarlo. Por eso es interesante cuando uno comienza un trabajo personal valorar estas dos energías en nuestro interior. Es una forma de comprobar en qué estado se encuentra nuestro equipo de autosanación.

Esta valoración se puede hacer fácilmente  formulándonos estas dos preguntas: ¿Hasta qué punto somos conscientes de lo que queremos conseguir con este trabajo? (cuál es nuestro nivel de conciencia respecto de lo que queremos hacer). ¿Y hasta qué punto estamos dispuestos a esforzarnos para conseguirlo? (cuál es nuestro nivel de compromiso con lo que queremos hacer). Es aconsejable puntuarnos en una escala de  cero a diez en cada pregunta. Si en alguna de ellas no alcanzamos el seis es importante profundizar hasta tener una compresión lo bastante clara del problema. Tal vez no podemos expresar claramente lo que queremos, no nos sentimos bien y sólo deseamos sentirnos mejor. O tal vez inconscientemente no creemos que podamos conseguir lo que queremos y esto hace que no podamos formularlo en nuestra mente con precisión. Si dirigimos nuestra atención sobre estas áreas pronto vamos a comprender elementos importantes de nuestro proceso y vamos a estar en condiciones mucho más favorables para abordarlo con éxito.

El equilibrio es siempre la clave y el misterio del proceso. Equilibrio entre hacer y permitir, entre confiar y controlar, entre aceptar y rebelarse, entre hablar y escuchar, entre nuestro lado masculino y nuestro lado femenino. Caminar por el filo lo mejor que uno pueda y levantarse de nuevo siempre que sea necesario.

Esto hace que el proceso de sanación sea una experiencia creativa, algo muy cercano al trabajo artístico. El proceso de sanación es el arte de crearse a uno mismo. Y en ese proceso estamos constantemente cambiando y aprendiendo.

El Renacimiento no solamente nos permite hacer este proceso de la forma más sencilla y efectiva posible sino que nos permite comprender cómo funciona el proceso de manera que podamos hacerlo solos. Nos permite desarrollar la maestría sobre nuestro proceso de sanación, convertirnos en los creadores conscientes de nuestra vida y de nosotros mismos. Estas son las herramientas que recibimos y que aprendemos a manejar a través de un trabajo de Renacimiento.